Victorio

Los mexicanos somos muy incisivos cuando de criticar productos nacionales se trata. Llámenle futbol, cine, políticos, música o lo que sea, no tenemos piedad. Muchas veces el desprecio es automático, ni siquiera nos preocupamos por argumentar las fallas que convierten lo que producimos, en una chafez. Señalo esta actitud porque pretendo evitarla al externar porqué no me gustó esta película, mientras que el resto de los reporteros que también la vieron, salieron impactados de la proyección. 
Victorio (Luis Fernando Peña) es un pandillero de la mara salvatrucha que mata a un miembro de su clicka en defensa propia. Preocupado, se busca un trabajo que lo mantenga alejado de la “MS”, y comienza a vender droga en las calles. Ahí conoce a Gabriela (Irán Castillo), una atractiva pero problemática chava, que funge como la amante del narco que les reparte la mercancía. El resto es predecible, Victorio y Gabriela se “enamoran”, tienen sexo y las consecuencias no sólo de estas acciones sino de las decisiones que han tomado a lo largo de su vida, los alcanzan y les acarrean un trágico final.
La película, dirigida por Alex Noppel y producida por Joel Núñez, tiene buenas intenciones. Pretende darle voz a los marginados y desprotegidos, y mostrar su lado humano; gente que se ve obligada a actuar de cierta manera por la circunstancias que los rodean y que a pesar de la árida realidad en la que se desenvuelven, no dejan de tener hambre de superación. Sin embargo, no resulta suficiente. La pareja se siente un poco tiesa, los diálogos no fluyen y si bien intentaron evitar a toda costa la caricaturización de individuos como los cholos, la caracterización resulta insuficiente. De acuerdo con Alex Noppel, todo el equipo de producción se adentró en los barrios de Xalapa, Veracruz, donde se llevó a cabo la filmación, para encontrar pandilleros y niños de la calle que quisieran participar. No dudo que este acercamiento resultara fructífero, incluso la misma Irán Castillo destacó todos los prejuicios que desechó al conocer a esta gente real, que es capaz de amar, de ser leal y de procurarse mejores condiciones de vida, pero esta complejidad social no logra transmitirse en pantalla.
En contraste, el personaje que fue mejor construido e interpretado es Lulú (Roberto Sosa), un trasvesti que vive con Gabriela y le brinda amistad incondicional. Sosa, quien ya se hizo acreedor a un premio del jurado por este papel, logra crear una Lulú real, sin utilizar gestos y expresiones cliché que hemos visto hasta el cansancio en este tipo de personajes. Para construir a esta simpática lectora del tarot, Sosa convivió con hombres transgénero que le permitieron observarlos a detalle, y darse cuenta que son constantemente maltratados y apartados por ser diferentes.
En conclusión, la película no es una chafez pero no logra cruzar la línea y se queda en el intento.  A pesar de estar segura de mi opinión, no puedo quitarme de la cabeza la reacción de los otros compañeros, a quienes respeto y admiro (no a todos, eh?), y que se deshicieron en elogios hacia el filme. Ah, también olvidé mencionar que ganó “Mejor ópera prima”.
En fin, “Victorio” se estrena comercialmente el 5 de mayo. Vaya y véala usted mismo.

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1 comentario

Archivado bajo Cine

Una respuesta a “Victorio

  1. eliza

    el amor es un sentimiento muy hermoso, pero debes saber escojer bien a esa persona a la que le vas a entregar tu corazon, por que el amor es dulce pero alaves amargo te hase bien y luego te lastima, cuando lastima duele demaciado… asi me paso con un chavo J….

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