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Instrucciones para comer

  1. En la privacidad de su hogar, designe un lugar para realizar el ritual. Puede ser una mesa, pero también su cama, un sillón, el excusado o el piso. Lo importante es que se sienta cómodo.
  2. Asegúrese de que nadie pueda verlo. Cierre puertas, ventanas y cortinas. No conteste llamadas ni mensajes. No permita que nadie lo interrumpa.
  3. Elija uno, dos, tres o los platillos que se le antoje probar, no hay límite. Pueden ser sopas, aperitivos, postres, golosinas o botanas. No olvide las bebidas para acompañar. El menú puede ser exótico, familiar, desconocido o aterrador, usted decide.
  4. Olvídese de servilletas, manteles y delantales. Tampoco se moleste en utilizar cubiertos. Tome un puñado de alguno de sus alimentos y atásquelo en su boca. Su única preocupación debe ser no morir atragantado, y es que usted apenas comienza a vivir. Mastique al ritmo que desee y procure absorber cada sabor con su lengua. Lo ideal sería sentir el proceso con intensidad. Si es un líquido, beba la cantidad necesaria hasta que le sea imposible olvidar lo que ha pasado por sus labios. Puede hacer buches o gárgaras si le parece divertido.
  5. Si lo que está comiendo o bebiendo le desagrada, no dude en escupirlo con brusquedad. Recuerde que no hay necesidad de quedar bien con nadie. También puede escarbar entre sus dientes si es que algún residuo de comida le provoca particular molestia. Si no es el caso, sólo deje ser al “intruso”.
  6. Repita el proceso con todas las opciones de su menú hasta que se haya saciado. Quítese el cinturón, desabotone el pantalón o deshágase de las medias si siente alguna opresión. Deje que su estómago respire y descanse con libertad. Eructe con fuerza y sonoridad sin pedir perdón después.
  7. Sonría y disfrute del momento. Échese, siéntese o párese. No luche contra esa somnolencia que seguramente se apoderará de usted. Ha comido intensamente y merece un descanso.

* Inspirado en “Instrucciones para llorar” de Cortázar.

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“Bordar por la paz. Un pañuelo una víctima”

Poco a poco, la violencia se ha apoderado de nuestro entorno. No, no, no, permítanme corregirme: no ha sido poco a poco, sino como bien lo describen muchos, fue una ola que arrasó, y que constante y precisa, baña de sangre todos los territorios conocidos. Imposible decir algo inteligente, interesante o revelador al respecto, más difícil asimilarlo. No poseo respuestas a si el presidente es el culpable con su guerra contra el narco, no me parece tan simple, sólo sé que su figura me desagrada y que esa sensación se origina en mis entrañas, sin mayor explicación. El mismo repudio siento hacia todas aquellas personas que forman parte de la maquinaria, hasta ahora semi perfecta y eficaz, que mata sin parar.

Dentro de todo ese malestar contenido, -y digo contenido porque la posibilidad de regalarse un momento para desahogar tanto coraje y manifestarlo de alguna forma pareciera ingenua con el endemoniado ritmo de vida que llevamos-, hay grupos de personas, cada vez más grandes, que se están organizando. No para cambiar las cosas, no para hacer presión social, creo yo que el propósito es más bien moralizante. Un desahogo colectivo  que toma lugar ya sea en una marcha, en lecturas públicas, teatro callejero o algún concierto de rock. Manifestaciones culturales (o no) en las que la gente se encuentra cara a cara con otras personas que cargan el mismo desazón, la misma incertidumbre. El gritar al unísono, el reir o llorar, sin pena y sin freno porque el de al lado es capaz de comprender, se convierte en algo terapéutico y muy necesario.

Cada vez hay más lugares donde toparse con estos grupos organizados. Esta vez, el proyecto que llamó mi atención lo encontré caminando por Coyoacán. Unas personas bordaban unos pañuelos, y aunque en principio pensé que eran las típicas manualidades para abuelitas, después me percaté de lo que decían los bordados. “Bordar por la paz. Un pañuelo una víctima” es el lema del colectivo “Fuentes Rojas”, quienes proponen bordar pañuelos con los nombres o descripciones de cada uno de los cincuenta mil muertos de la guerra contra el narco. El objetivo del proyecto es, en sus propias palabras, “bordar esperanza y memoria”. Una vez logrado un número considerable de bordados, se mostrarán en las plazas públicas del país.

A continuación, las instrucciones para el bordado, y los datos de contacto por si les interesa participar:

1. Capturar el texto de un caso y pasarlo a la tipografía que elijas. Se sugiere usar de 28 a 48 puntos.

2. Centrar el texto en la página.

3. Imprimir el texto sobre el papel y pasarlo con papel carbón al pañuelo, asegurándose que no queden letras fuera de la tela.

4. Usar hilo rojo. No importa el tipo de rojo ni si una sola persona bordará todo el texto.

5. Incluir del lado izquierdo el o los nombres de quien bordó y el lugar dónde se bordó.

7. Finalizar el bordado poniendo del lado derecho, con tipografía libre (de 36 ptos.) el número del caso en relación con la totalidad de los muertos que van.

COMPRA

Los pañuelos deben medir 42 x 42 cm y cuestan $4.00 cada uno.

LUGAR

Los domingos de octubre se harán bordados colectivos en el jardín del centro de Coyoacán de 12 a 16 hras.

CONTACTO

mocas3x@gmail.com

NOTA IMPORTANTE
El proyecto es autosubvencionado, y si bien se agradece la cooperación en cuanto al costo de los materiales, lo más importante es gente que quiera bordar. Lleva a tu abuelita, a tu mamá, a tus tías, a tus hijos, a tus primos, a tu novio, pero llévalos.

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Bolsas de trabajo

Con desesperación, reviso anuncio tras anuncio.
En uno, piden mínimo 5 años de experiencia… descartado.
En otro,  por alguna razón que desconozco, se busca mecánico de motocicletas (¡!)
La gran mayoría solicita estudiantes para servicio social o prácticas profesionales.
Una “editorial” se atreve a publicar un anuncio para ‘asistente’, con un requisito indispensable: Excelente prescencia.

Y luego no quieren que me desanime.

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Tristeza

El domingo fui al Zoológico de Chapultepec. Unas semanas antes, el periódico Reforma publicó un reportaje sobre el mismo, comparándolo con otros zoológicos alrededor del mundo y señalando la falta de estimulación que padecen los animales en Chapultepec, situación que ha provocado psicosis y depresión en los especímenes con los que cuenta esta atracción de la ciudad de México.

En mi recorrido vi lo mismo de siempre: lobos, tigres, cuervos, llamas y demás animales que se la pasan dormidos, echados o dando vueltas en círculo la mayor parte del tiempo. La falta de cuidados y espacio es notoria. Rápidamente, los niños se desencantan con el recorrido y dejan de poner atención. El zoológico, antes un lugar para conocer y apreciar a la naturaleza, se ha convertido en un circuito de paseo y caminata domingueros. Esperando que las condiciones de esta atracción cambien pronto gracias a la denuncia que se hizo en el periódico, les dejo una fotografía que tomé y que habla por sí sola.

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