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Instrucciones para comer

  1. En la privacidad de su hogar, designe un lugar para realizar el ritual. Puede ser una mesa, pero también su cama, un sillón, el excusado o el piso. Lo importante es que se sienta cómodo.
  2. Asegúrese de que nadie pueda verlo. Cierre puertas, ventanas y cortinas. No conteste llamadas ni mensajes. No permita que nadie lo interrumpa.
  3. Elija uno, dos, tres o los platillos que se le antoje probar, no hay límite. Pueden ser sopas, aperitivos, postres, golosinas o botanas. No olvide las bebidas para acompañar. El menú puede ser exótico, familiar, desconocido o aterrador, usted decide.
  4. Olvídese de servilletas, manteles y delantales. Tampoco se moleste en utilizar cubiertos. Tome un puñado de alguno de sus alimentos y atásquelo en su boca. Su única preocupación debe ser no morir atragantado, y es que usted apenas comienza a vivir. Mastique al ritmo que desee y procure absorber cada sabor con su lengua. Lo ideal sería sentir el proceso con intensidad. Si es un líquido, beba la cantidad necesaria hasta que le sea imposible olvidar lo que ha pasado por sus labios. Puede hacer buches o gárgaras si le parece divertido.
  5. Si lo que está comiendo o bebiendo le desagrada, no dude en escupirlo con brusquedad. Recuerde que no hay necesidad de quedar bien con nadie. También puede escarbar entre sus dientes si es que algún residuo de comida le provoca particular molestia. Si no es el caso, sólo deje ser al “intruso”.
  6. Repita el proceso con todas las opciones de su menú hasta que se haya saciado. Quítese el cinturón, desabotone el pantalón o deshágase de las medias si siente alguna opresión. Deje que su estómago respire y descanse con libertad. Eructe con fuerza y sonoridad sin pedir perdón después.
  7. Sonría y disfrute del momento. Échese, siéntese o párese. No luche contra esa somnolencia que seguramente se apoderará de usted. Ha comido intensamente y merece un descanso.

* Inspirado en “Instrucciones para llorar” de Cortázar.

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Ambulante más allá

Desde el 2005, existe en México una valiosa organización que se ha dedicado a apoyar y difundir el cine documental. Gracias a la iniciativa de Diego Luna, Gael García y Pablo Cruz, “Ambulante” elige y exhibe documentales tanto nacionales como internacionales que encuentran en este festival la única posibilidad de llegar al público mexicano y latinoamericano.

Por el éxito obtenido en estos siete años de actividad, Ambulante sigue creciendo  desde el 2011 lleva a cabo un proyecto de capacitación en producción documental, “Ambulante más allá”, que consiste en la formación de nuevos realizadores provenientes de Latinoamerica, cuya situación económica y social les impide el acceso a las herramientas necesarias para contar historias y posteriormente difundirlas.

Hoy pude ver uno de los diez documentales breves que se crearon en esta primera edición y sin duda, es la prueba contudente del talento que muchos jóvenes poseen, y que, dándoles la oportunidad y los instrumentos de trabajo, pueden plasmar en productos comunicativos de calidad.
“Campo 9” es un retrato de la relación que existe entre la comunidad menonita y la maya en Hopelchén, Campeche, donde la mala comunicación, la desconfianza y los prejuicios de ambos grupos dan como resultado un trato estrictamente laboral sin la posibilidad (ni el interés) de un verdadero entendimiento.
Si bien el ritmo es un poco lento y algunas tomas sobran, es un proyecto bien realizado, y plantea un conflicto local de tal manera que genera interés en el espectador. La candidez y naturalidad de los entrevistados resulta refrescante, haciendo posible la reflexión sobre el acercamiento de estos dos mundos.

Además del estado ya mencionado, el taller también se llevó a cabo en Yucatán, Chiapas y Guatemala, permitiendo que los sesenta participantes seleccionados, de entre 15 y 30 años de edad, recibieran no sólo el equipo básico (cámaras de video HD, micrófonos, tripiés y computadoras) sino las nociones necesarias, tanto teóricas como prácticas, para llevar a cabo sus proyectos de la mano de cineastas activos y con experiencia en esta disciplina.

Actualmente, “Ambulante más allá” trabaja en una estrategia de difusión que oriente a los estudiantes en materia de distribución y “festivaleo” de sus trabajos. Por lo pronto, tres de las no-ficciones creadas gracias a esta iniciativa se presentarán en la Décima Edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. Otro logro alcanzado es el crecimiento de esta capacitación, que llegará también a la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero para darle voz a las poblaciones afromexicanas de la zona.

Si tienen la oportunidad de ver estos documentales en próximos festivales de cine, no lo duden. Son propuestas como ésta las que requieren de patrocinios, cualquier tipo de apoyo económico y mucha difusión para sobrevivir, así que corre la voz.

Para más información, visiten la página oficial de Ambulante donde también pueden encontrar los trailers de los diez documentales y fotografías de su realización.

 

 

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agosto 22, 2012 · 6:01 PM

El lenguaje de los machetes

ImageRay (Andrés Almeida) y Ramona (Jessy Bulbo) son una pareja poco convencional. El primero, ¿activista? del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y la segunda, rockera con un padre desaparecido en la guerra sucia de los setenta, viven una relación llena de altibajos. Mientras Ramona desea tener un hijo, Ray planea un drástico acto revolucionaro como único alivio a la deprimente realidad. Entre toquines, manifestaciones y un viaje relámpago a la playa, uno y otro intentarán convencerse de abandonar sus deseos para permanecer unidos. Al mismo tiempo, Ray será objeto de numerosos prejuicios por pertenecer a la clase media alta, mismos que incrementarán su anhelo por desaparecer.

De eso trata la ópera prima de Kyzza Terrazas, joven cineasta que trabajó durante varios años en la casa productora Canana, y que escribió el guión de “Déficit“, debut de Gael García como director.

Si bien la cinta tiene su mérito, pues fue levantada con un ajustado presupuesto, no está bien lograda. La postura izquierdista de la pareja se siente superficial; el acto revolucionaro y radical, que consiste en hacerse estallar en la Basílica de Guadalupe, muy forzado e incluso ingenuo; la desesperación de Ray por haber nacido en el círculo “opresor”, poco aterrizada. Al final no pasa nada, y como expectador, abandonas la sala confundido e insatisfecho. Kyzza se atrevió a hacer algo diferente, pero se quedó muy corto. Sus personajes son estereotipos y las dinámicas sociales en las que se involucran resultan burdas frente a la complejidad de las mismas en la vida real. Otro problema es el nombre. ¿Qué les dice “El lenguaje de los machetes”? ¿No los predispone a ciertas temáticas o tendencias políticas? En conferencia de prensa, el director explicó que no quería hacer referencia a la izquierda mexicana, sino a lo tajante y agresiva que puede ser una relación como la de Ray y Ramona. OK, eso tiene más sentido pero, desafortunadamente, esto no lo va a saber el público.

En fin, aunque la película tiene problemas importantes, no todo es malo. La musicalización es impecable y las atmósferas están bien creadas. Jessy Bulbo debuta como actriz y lo hace muy bien. Del mismo Kyzza me parece admirable haberse aferrado a esta historia que cocinó desde el 2001 y que apenas llegará a la pantalla grande.
El público joven seguro se sentirá identificado con el descontento de los protagonistas, haciendo posible la reflexión sobre la situación social en la que viven, sea ésta favorecedora o todo lo contrario. El público maduro podrá recordar sus épocas más rebeldes. Todos podrán rescatar algo del filme, pero insisto, no termina de cuajar.

Acá dejo el trailer para quien guste echar un vistazo. Si se animan a verla en lugar de “Hombres de Negro 3”, espero sus valiosas opiniones…

http://www.youtube.com/watch?v=Br_hCAlgUsU

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50/50

Siempre he pensado que una de las grandes ventajas de ser mujer es el derecho a ser cursi. Llorar con películas de Disney, atascar el cuarto de color rosa, pintar corazoncitos en los cuadernos, mandar notitas a la menor provocación y tener serias revelaciones de vida a consecuencia de momentos que otros considerarían insignificantes.

Ayer experimenté esto último mientras disfrutaba de “50/50”, película de Jonathan Levine que retrata los cambios en la vida de Adam (Joseph Gordon-Levitt), un joven de 27 años que es diagnosticado con cáncer.

El impacto ocurre poco después de iniciada la película, y resulta sorprendente, además de agradable, que el personaje principal no sufra una transformación inmediata, (y ya muy vista) en la que pretenda comerse al mundo en el tiempo que le queda de vida. Más apegada a la realidad, la historia se desarrolla con buen ritmo, y muestra de forma ligera pero creíble las reacciones de aquellos que rodean a Adam, destacando  el mejor amigo, Kyle (Seth Rogen), quien escupe toscos chistes en las situaciones más sensibles, y Katherine (Anna Kendrick), joven e inexperta terapeuta que incomoda invariablemente a su nuevo paciente gracias a su torpeza y nerviosismo.  

Vale la pena mencionar el soundtrack, pues resulta muy adecuado además de emocionante, con temas como “High and Dry” de Radiohead, “Yellow ledbetter” de Pearl Jam y la clásica “To love somebody” de los Bee Gees.

Con la dosis adecuada de romance, comedia y drama, “50/50” se perfila como una de las imperdibles para este febrero. Véase acompañada de los respectivos pañuelos desechables, palomitas jumbo y hombre grandote* a quien abrazar cuando llegue el desenlace de esta linda película, que definitivamente me puso a reflexionar sobre lo que he estado haciendo mal con mi vida.

* Si son chaparritas (os), pueden conseguirse a un hombre /mujer de menor tamaño.

 

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“Bordar por la paz. Un pañuelo una víctima”

Poco a poco, la violencia se ha apoderado de nuestro entorno. No, no, no, permítanme corregirme: no ha sido poco a poco, sino como bien lo describen muchos, fue una ola que arrasó, y que constante y precisa, baña de sangre todos los territorios conocidos. Imposible decir algo inteligente, interesante o revelador al respecto, más difícil asimilarlo. No poseo respuestas a si el presidente es el culpable con su guerra contra el narco, no me parece tan simple, sólo sé que su figura me desagrada y que esa sensación se origina en mis entrañas, sin mayor explicación. El mismo repudio siento hacia todas aquellas personas que forman parte de la maquinaria, hasta ahora semi perfecta y eficaz, que mata sin parar.

Dentro de todo ese malestar contenido, -y digo contenido porque la posibilidad de regalarse un momento para desahogar tanto coraje y manifestarlo de alguna forma pareciera ingenua con el endemoniado ritmo de vida que llevamos-, hay grupos de personas, cada vez más grandes, que se están organizando. No para cambiar las cosas, no para hacer presión social, creo yo que el propósito es más bien moralizante. Un desahogo colectivo  que toma lugar ya sea en una marcha, en lecturas públicas, teatro callejero o algún concierto de rock. Manifestaciones culturales (o no) en las que la gente se encuentra cara a cara con otras personas que cargan el mismo desazón, la misma incertidumbre. El gritar al unísono, el reir o llorar, sin pena y sin freno porque el de al lado es capaz de comprender, se convierte en algo terapéutico y muy necesario.

Cada vez hay más lugares donde toparse con estos grupos organizados. Esta vez, el proyecto que llamó mi atención lo encontré caminando por Coyoacán. Unas personas bordaban unos pañuelos, y aunque en principio pensé que eran las típicas manualidades para abuelitas, después me percaté de lo que decían los bordados. “Bordar por la paz. Un pañuelo una víctima” es el lema del colectivo “Fuentes Rojas”, quienes proponen bordar pañuelos con los nombres o descripciones de cada uno de los cincuenta mil muertos de la guerra contra el narco. El objetivo del proyecto es, en sus propias palabras, “bordar esperanza y memoria”. Una vez logrado un número considerable de bordados, se mostrarán en las plazas públicas del país.

A continuación, las instrucciones para el bordado, y los datos de contacto por si les interesa participar:

1. Capturar el texto de un caso y pasarlo a la tipografía que elijas. Se sugiere usar de 28 a 48 puntos.

2. Centrar el texto en la página.

3. Imprimir el texto sobre el papel y pasarlo con papel carbón al pañuelo, asegurándose que no queden letras fuera de la tela.

4. Usar hilo rojo. No importa el tipo de rojo ni si una sola persona bordará todo el texto.

5. Incluir del lado izquierdo el o los nombres de quien bordó y el lugar dónde se bordó.

7. Finalizar el bordado poniendo del lado derecho, con tipografía libre (de 36 ptos.) el número del caso en relación con la totalidad de los muertos que van.

COMPRA

Los pañuelos deben medir 42 x 42 cm y cuestan $4.00 cada uno.

LUGAR

Los domingos de octubre se harán bordados colectivos en el jardín del centro de Coyoacán de 12 a 16 hras.

CONTACTO

mocas3x@gmail.com

NOTA IMPORTANTE
El proyecto es autosubvencionado, y si bien se agradece la cooperación en cuanto al costo de los materiales, lo más importante es gente que quiera bordar. Lleva a tu abuelita, a tu mamá, a tus tías, a tus hijos, a tus primos, a tu novio, pero llévalos.

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Limbo

Nunca me gustó escribir en lugares “públicos”. La pregunta “qué haces?” o “qué escribes?” siempre se repetía hasta el cansancio. No me era posible concentrarme y terminaba cerrando la computadora abruptamente para evitar que los ojos chismosos leyeran antes de que hubiera terminado.
Ahora mismo me encuentro en la oficina. Decidí hacer una excepción por desesperada. Tiene meses que no escribo nada. Llámenle desidia, ausencia de disciplina, falta de inspiración, flojera… No importa. Escribo esto como una llamada de atención a mi misma. Me he centrado tanto en mis “problemas” de adolescente que no reconozco el valor de las experiencias que podrían traducirse en material para este humildísimo (por no decir insignificante) blog.
El otro día, mi papá me enseñó un libro que le fue dedicado. La autora es una periodista especializada en investigación de narcotráfico, que no llega a los cuarenta años y tiene ya varios premios en su haber, además del prestigio que sólo se gana a pulso y a través de los años.
Me sentí inútil, frustrada y enojada. Yo ni siquiera le tiraba tan alto. Yo quería escribir de música, de cultura, de arte. No he sido capaz ni de encontrar un buen nombre para este espacio, que es mio y que está tan descuidado…

Termina la llamada de atención. Comienza la acción. 

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