Victorio

Los mexicanos somos muy incisivos cuando de criticar productos nacionales se trata. Llámenle futbol, cine, políticos, música o lo que sea, no tenemos piedad. Muchas veces el desprecio es automático, ni siquiera nos preocupamos por argumentar las fallas que convierten lo que producimos, en una chafez. Señalo esta actitud porque pretendo evitarla al externar porqué no me gustó esta película, mientras que el resto de los reporteros que también la vieron, salieron impactados de la proyección. 
Victorio (Luis Fernando Peña) es un pandillero de la mara salvatrucha que mata a un miembro de su clicka en defensa propia. Preocupado, se busca un trabajo que lo mantenga alejado de la “MS”, y comienza a vender droga en las calles. Ahí conoce a Gabriela (Irán Castillo), una atractiva pero problemática chava, que funge como la amante del narco que les reparte la mercancía. El resto es predecible, Victorio y Gabriela se “enamoran”, tienen sexo y las consecuencias no sólo de estas acciones sino de las decisiones que han tomado a lo largo de su vida, los alcanzan y les acarrean un trágico final.
La película, dirigida por Alex Noppel y producida por Joel Núñez, tiene buenas intenciones. Pretende darle voz a los marginados y desprotegidos, y mostrar su lado humano; gente que se ve obligada a actuar de cierta manera por la circunstancias que los rodean y que a pesar de la árida realidad en la que se desenvuelven, no dejan de tener hambre de superación. Sin embargo, no resulta suficiente. La pareja se siente un poco tiesa, los diálogos no fluyen y si bien intentaron evitar a toda costa la caricaturización de individuos como los cholos, la caracterización resulta insuficiente. De acuerdo con Alex Noppel, todo el equipo de producción se adentró en los barrios de Xalapa, Veracruz, donde se llevó a cabo la filmación, para encontrar pandilleros y niños de la calle que quisieran participar. No dudo que este acercamiento resultara fructífero, incluso la misma Irán Castillo destacó todos los prejuicios que desechó al conocer a esta gente real, que es capaz de amar, de ser leal y de procurarse mejores condiciones de vida, pero esta complejidad social no logra transmitirse en pantalla.
En contraste, el personaje que fue mejor construido e interpretado es Lulú (Roberto Sosa), un trasvesti que vive con Gabriela y le brinda amistad incondicional. Sosa, quien ya se hizo acreedor a un premio del jurado por este papel, logra crear una Lulú real, sin utilizar gestos y expresiones cliché que hemos visto hasta el cansancio en este tipo de personajes. Para construir a esta simpática lectora del tarot, Sosa convivió con hombres transgénero que le permitieron observarlos a detalle, y darse cuenta que son constantemente maltratados y apartados por ser diferentes.
En conclusión, la película no es una chafez pero no logra cruzar la línea y se queda en el intento.  A pesar de estar segura de mi opinión, no puedo quitarme de la cabeza la reacción de los otros compañeros, a quienes respeto y admiro (no a todos, eh?), y que se deshicieron en elogios hacia el filme. Ah, también olvidé mencionar que ganó “Mejor ópera prima”.
En fin, “Victorio” se estrena comercialmente el 5 de mayo. Vaya y véala usted mismo.

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Limbo

Nunca me gustó escribir en lugares “públicos”. La pregunta “qué haces?” o “qué escribes?” siempre se repetía hasta el cansancio. No me era posible concentrarme y terminaba cerrando la computadora abruptamente para evitar que los ojos chismosos leyeran antes de que hubiera terminado.
Ahora mismo me encuentro en la oficina. Decidí hacer una excepción por desesperada. Tiene meses que no escribo nada. Llámenle desidia, ausencia de disciplina, falta de inspiración, flojera… No importa. Escribo esto como una llamada de atención a mi misma. Me he centrado tanto en mis “problemas” de adolescente que no reconozco el valor de las experiencias que podrían traducirse en material para este humildísimo (por no decir insignificante) blog.
El otro día, mi papá me enseñó un libro que le fue dedicado. La autora es una periodista especializada en investigación de narcotráfico, que no llega a los cuarenta años y tiene ya varios premios en su haber, además del prestigio que sólo se gana a pulso y a través de los años.
Me sentí inútil, frustrada y enojada. Yo ni siquiera le tiraba tan alto. Yo quería escribir de música, de cultura, de arte. No he sido capaz ni de encontrar un buen nombre para este espacio, que es mio y que está tan descuidado…

Termina la llamada de atención. Comienza la acción. 

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2do Festival Internacional de Cine de la Ciudad de Chihuahua


FICCCH 2010

Debo reconocer que ser reportera de espectáculos (ajá, de chismes) me ha traído muchas cosas buenas. Para mi fortuna, el jefe de asignaciones ha considerado prudente que sea yo quien cubra los eventos más culturales y menos escandalosos. Así, he tenido la oportunidad de ir a conciertos, obras de teatro y por primera vez, a un Festival Internacional de Cine.
Me emocionaba todo lo relacionado al evento, comenzando con que el Festival se llevaría a cabo en Chihuahua, lugar desconocido para mi, continuando con el all-access status que la prensa tiene, sin dejar de mencionar lo básico, ver películas.
No soy cinéfila, no conozco la vida y obra de los directores más importantes, tampoco he visto los filmes más aclamados por la crítica, no estoy casada con ningún género, pero aún así, me resultó imposible tomar la asignación con ligereza. A mis compañeros les sucedía todo lo contrario, asistente regulares a festivales de esta clase, se quejaban de todo. Que si el hotel estaba “feo”, que si era un evento de tres pesos, que si la organización era pésima, que si en Chihuahua hace mucho calor, etcétera ad infinitum.

Sin Memoria

Yo, como buena novata, me limitaba a escuchar y observar, sin emitir opinión alguna, pues repito, era mi primer Festival. Nos entregaron el programa, y noté que no había escuchado hablar de ninguna película, excepto “Año bisiesto”. Me sonaba, pero no recordaba porqué. En fin, después de instalarnos, comer, cambiarnos, quejarnos, tomarnos fotos y demás, llegó la hora de la primera cinta: “Sin memoria”. Protagonizada por Guillermo Iván (tal vez lo recuerden por “La primera noche”) y Martha Higareda (tal vez la recuerden porque siempre la encueran innecesariamente), narra la pérdida de la memoria de un sujeto que no sabe quién es, dónde está ni cómo llegó ahi, sus únicos recuerdos se limitan a momentos felices que compartió con una chica, de quien oh sorpresa, tampoco recuerda nada. Encima, es perseguido por matones que quieren exterminarlo después de que les diga dónde escondió cierto dinero. Aunque no es una película mal hecha, no terminó por convencerme, ya que es un intento por enaltecer la figura del policía en México, lo cual me parece inútil e innecesario, por no decir imposible. Un poco decepcionada, no perdí la esperanza de que los otros filmes serían mejores, y no me equivoqué. La siguiente película que vi fue “De la infancia”, gran trabajo de Carlos Carrera (La mujer de Benjamín, Sin remitente, Un Embrujo, El crimen del Padre Amaro), director homenajeado por su trayectoria, que acudió a la alfombra roja para mi sorpresa y enternecimiento.

Carlos Carrera
Carlos Carrera

Es completamente tímido y seco, se le nota incómodo al posar para las fotografías, y no trata de agradar a las cámaras de televisión. Tuve la oportunidad de hacerle una mini entrevista para el programa, y aunque amable, fue difícil sacarle más de diez palabras. Regresando a la película, cuenta la historia de una familia disfuncional, de clase social baja e inmersa en la violencia. No suena a nada nuevo, pero sorprende, impacta e indigna. La diferencia radica en que toda la historia está narrada desde el punto de vista de los niños que conforman dicha familia, por lo que está llena de momentos fantasiosos, pero verosímiles, además de que cuenta con una figura fantasmal, pieza clave de la trama. No está de más mencionar que Damián Alcázar protagoniza la cinta, en una de las mejores actuaciones de su carrera. Giovana Zacarías hace el papel de la madre violentada, mientras que Benny Emmanuel y Rodrigo Oviedo, quienes prometen mucho, hacen el papel de los pequeños.
Una vez terminada la proyección, hubo oportunidad de hacerle preguntas a Carrera y a Zacarías, quien fue la encargada de leer unas palabras cariñosas para homenajear al director. Sin pena en la voz y más bien con resignación, Carrera confesó que aún no contaba con distribuidora para el filme, pero que continuaría participando en festivales para obtener apoyo. Críticos y público en general hacían preguntas, y yo no me animaba del todo. Finalmente decidí aventarme y le pregunté a Giovana cómo había preparado su personaje, si leyendo sobre maltrato psicológico o teniendo acercamientos con mujeres que habían sufrido abuso físico y mental. La respuesta fue totalmente inesperada. Con la voz temblorosa, la joven actriz confesó que ella había sido una niña afectada por la violencia intrafamiliar, por lo que utilizó su personaje para canalizar todas sus emociones y frustraciones, además de haber leído mucho sobre el tema. Me sentí como una buena reportera…

Año Bisiesto

En fin, después de salir de la sala, con un sabor de boca ligeramente amargo, un compañero recomendó ampliamente que entráramos a ver “Año bisiesto”, y aunque ya estaba empezada, nos puso al corriente en el acto. Protagonizada por Gustavo Sánchez Parra (el “Jarocho” en Amores Perros) y Mónica Del Carmen (actriz desconocida hasta ahora), “Año Bisiesto” narra la historia de una mujer oaxaqueña que habita un modesto departamento en la ciudad de México, quien carga con un trauma profundo relacionado con su padre, fallecido un 29 de febrero. Con cámara fija y sin efectos especiales o una gran producción, el espectador va familiarizándose con la soledad de Laura (Del Carmen), que conoce a un hombre (Sánchez Parra) con quien sostiene una relación nada convencional, que pasa del sadismo a la ternura en minutos. El filme, del australiano Michael Rowe, ganó la Cámara de Oro en Cannes (ah, de ahí me sonaba) y creo yo que su mayor virtud es que afecta de manera significativa al público. Resulta imposible permanecer indiferente ante esta historia, y aunque mucha gente salió de la sala mientras era proyectada, otros nos quedamos pensando en ella por semanas. Todo mi respeto y admiración para Mónica, GRAN actriz, quien fue bombardeada con preguntas después de la proyección, y al día siguiente, durante la conferencia de prensa.

No eres tú, soy yo

El último día del festival presencié la película más “chafa” de todas: “No eres tú, soy yo”. Dirigida por Alejandro Springall (Sexo, Pudor y Lágrimas, Santitos) y protagonizada por Eugenio Derbez y Alejandra Barros, es una comedia romántica que se enfoca en la ruptura amorosa desde el punto de vista de un hombre (Derbez), quien es abandonado por su esposa (Barros) sin mayor explicación  y que tiene que pasar por el proceso de “sanación” común en estos casos.
Si bien no es un completo bodrio, es imposible perder de vista que Derbez es famoso por ser comediante, por lo que verlo llorar y sufrir resulta poco creíble, además de que como buena comedia, cumple con muchas fórmulas predecibles que dan flojera. Lo peor de todo, es que fue ovacionada por el público, mismo que colmó de elogios, a mi parecer, poco merecidos, a Derbez y Barros.

Con sus altas y bajas, el Segundo Festival Internacional de Cine de la Ciudad de Chihuahua, fue todo un éxito.  Lo considero también un éxito personal, además de que me dejó ansiosa por acudir a otros festivales con más antigüedad, mejor organización y mayor cartelera. Festival de Morelia, ¡ahí te voy!

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Café Tacvba en el Infield

Los años pasan y Café Tacvba sigue llenando el foro que se le dé la gana. Fanáticos de la vieja guardia y “nuevas adquisiciones” por igual, se dan cita en todos y cada uno de los toquines de esta banda que desde hace mucho forma parte de la cultura popular mexicana. A pesar de que los hayas visto decenas e incluso cientos de veces, los Tacvbos siempre logran sorprender. Este concierto, el último que ofrecerían en un año, no fue la excepción.
Llegué temprano al Hipodrómo de las Américas para agarrar buen lugar. Afortunadamente, aún había mucho espacio y con toda calma me instalé en el pasto artifical para escuchar a los Huicholi Brothers, una de las bandas abridoras que fue bien recibida por el reducido público que estaba poniendo atención. Cantos ceremoniales, caracoles, tambores y sonidos estirados al infinito dieron el toque místico a la tarde, cuando aún faltaban un par de horas para el acto principal. Con temor de caer en clichès, me atrevo a calificar el sonido de los Huicholi como “interesante” y bastante “pacheco”, de buena ejecución y mucha entrega, sin olvidar los esfuerzos que esta agrupación realiza por retomar, difundir y enaltecer las costumbres de sectores indígenas que no dejan de luchar por sobrevivir con autonomía. Después de presenciar este acto considerablemente distinto, llegó el turno de los Esquizitos, banda que convocó a más personas pero que dejó que los ánimos se entibiaran rápidamente. Su participación fue bastante floja, pero breve, además de divertida, por lo que no fueron blanco de proyectiles o chiflidos.
Una vez que terminaron, la gente comenzó a arremolinarse alrededor del escenario, con evidente ansiedad y emoción. Ahora sí, no había de otra más que esperar, mientras observaba con impaciencia a los roadies que conectaban y desconectaban equipo, hacían pruebas de luces y sonido y aguantaban la carrilla de la banda.
Para sorpresa de todos, mientras se alistaba el escenario, Rubén realizó varias intervenciones con el micrófono, para que representantes de  las organizaciones* que fueron apoyadas por Café Tacvba, pudieran dirigirse directamente al público. La mayoría se limitó a agradecer los esfuerzos conjuntos de la agrupación y los seguidores que acudieron al concierto, cuya taquilla sería donada en diferentes porcentajes a estas causas tan diversas. Destacó Ofelia Medina, quien visiblemente conmovida, se deshizo en agradecimientos y mentadas de madre hacia los tacvbos y al gobierno, respectivamente.
Finalmente, después de casi una hora de espera, las luces se apagaron y el bramido del público no se hizo esperar. Luis Ledezma, Quique, Joselo, Meme y Rubén tomaron sus lugares mientras la gente enloquecía en espera de la primera canción.
Una luz cegadora se prendió al mismo tiempo que sonaban las inconfundibles notas de “El borrego”, en lo que fue uno de los arranques más macizos de toda la historia del Café Tacvba (ustedes perdonarán la cacofonía, pero “macizo” es la única palabra que me parece adecuada). Esta primera descarga de adrenalina y euforia, se alargó cuando ligaron la rola ya mencionada con “Pinche Juan”, canción que estábamos acostumbrados a escuchar en el cierre de las tocadas, y la sorpresa fue todavía mayor cuando inmediatamente después comenzó a sonar “No controles“, otra pieza de mucho poder que fungió como “fin del inicio”.
Con los ánimos hasta el tope,
“Alármala de tos” y “Rarotonga” fueron igualmente coreadas y bailadas, para darle paso a canciones del Cuatro Caminos; “¿Qué pasará?”, “Recuerdo prestado” y “Puntos cardinales”.  Al terminar este mini popurrí, la locura se apoderó de los presentes, pues Meme comenzó a tocar las primeras notas de “El baile y el salón”, por lo que el ya famosísimo Paparaparaeueooooo no se hizo esperar. Aunque sin duda fue un momento memorable de la noche, para esta humilde fan, lo verdaderamente bueno vino después, cuando comenzó “Metamorfosis”, interpretada a la perfección y con una gran carga emotiva que creció cuando la conectaron con “Tengo todo”, otra de mis favoritas.
Al finalizar éstas, Rubén le dedicó unas palabras de aliento y cariño a Gustavo Cerati, en cuyo honor se preparó un cover de “Juegos de Seducción”, coreado por pocos pero aplaudido por todos, pues fue notorio el disfrute de los tacubos mientras lo ejecutaban. La noche continuó con “Déjate caer”, y cientos de gorritos de Gallo Gass fueron colocados de manera pertinente para hacer el ya clásico baile que acompaña a esta canción, original de Los Tres. “Volver a comenzar” fungió como un descanso para todos, pues al iniciar “Las flores”, no hubo una sola persona que no bailara, brincoteara o se desgañitara de principio a fin. El maestro Alejandro Flores hizo la primera aparición de la noche para interpretar “La Huazanga”, pieza formada por coplas que se disfrutó enormemente. Después de esta bonita canción, los tacvbos continuaron con puro clásico: “Ojalá que llueva café”, “Esa noche”, “María”, “Cómo te extraño” y “El puñal y el corazón”, rola que puso a todos a sacarle brillo al pastito y con la que se despidieron por primera vez.
La lluvia llegaría en cualquier momento pero aún faltaba mucho por oír, así que pocos minutos después los tacvbos regresaron con otra GRAN canción, “Encantamiento inútil”. Para el final de la misma, las primeras gotas de agua se dejaron caer pero no lograron ahuyentar a los miles de fanáticos que pedían más. Cuando comenzó “El espacio”, a todos se les olvidó el clima para cantar con el corazón, en otro momento emotivo de la noche. Ya con lluvia constante y sonante, “Agua” fue la canción ideal, seguida de “Eres”, que enloqueció a enamorados y malqueridos por igual, además de ser una de las interpretaciones más sinceras de Meme, que cantando bajo la lluvia afirmó su estatus de símbolo semisexual entre las chicas. Una vez pasado el intermedio romántico, la fiesta volvió al Infield del Hipódromo con la Chilanga Banda” y gritos de “puto el que se vaya”, al ver que el agua arreciaba cada vez más. El concierto continuó con “La ingrata”, “La Chica Banda” y “El ciclón”, y cuando se escuchó nuevamente la explosión de “Pinche juan”, muchos creímos que la noche había llegado a su fin, sin embargo, “Las persianas” nos indicaron que estábamos equivocados. El fin de la Infancia” puso a bailar a todos y ahora sí, los tacvbos se despidieron empapados con “Bar Tacuba”.

A pesar de la lluvia y de las fallas técnicas que se presentaron a lo largo del concierto (y la ausencia de “Las batallas”), Café Tacvba triunfó como siempre, demostrando una vez más que se han ganado a pulso el calificativo de “la mejor banda de México”. Las miles de personas que acudimos esa noche, abandonamos el Hipódromo de las Américas** chorreando y sonrientes, con la satisfacción que te da el ver a alguien de tu familia haciendo bien las cosas, pues a esta banda la hicimos nuestra desde hace mucho tiempo.



(Fotografías de Terra, todos los derechos reservados, blablabla)

*Estas son las organizaciones que la agrupación apoyó:

  • AJAGI (Asociación Jaliscience de Apoyo a Grupos Indígenas): Busca la difusión de un proyecto de una preparatoria huichola de Sta. Catrina Cuexcomatitlan, que lucha contra la construcción de una carretera en su territorio y la devastación ecológica que causará.
  • INNN: Instituto Nacional de Neurologia.
  • CAMINO ROJO: Impulsores y protectores de la culturas indígenas.
  • LAURELES IAP: Brindan apoyo a los niños de la calle y su educación.
  • PNA: Protectora Nacional de Animales. Difunde un proyecto para la construcción de un refugio de animales en Morelos.
  • SERAPAZ: Grupo que apoya la defensa de los presos de Atenco.

** A pesar de contar con pocos accesos y salidas, la organización dentro del Hipodrómo fue destacada y los baños portátiles también se llevan mención honorífica. Este espacio es adecuado para la realización de conciertos semimasivos.

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El imaginario del Dr. Parnassus

Lilly ColeSi no te gustan las historias fantásticas, esta película no es para ti. Dirigida por Terry Gilliam y con un elenco lleno de estrellas, la cinta narra la vida del Dr. Parnassus (Christopher Plummer), un ser inmortal que tiene el poder de lograr que cualquier individuo, con sólo atravesar un espejo, se transporte a su propia imaginación. Aunque suena muy prometedor, este increíble paseo tiene su truco, y es que después de unos minutos de exploración en ese mundo aparentemente perfecto, la persona participante se enfrenta, sin saberlo, a tomar una decisión fundamental que cambiará su vida.
La explicación se remonta a un pasado muy lejano (y a una de las escenas más memorables del filme), cuando Parnassus era un monje dedicado a contar la historia que sostenía al Universo y sin la cual todo desaparecería. Un mal día se aparece el Diablo (Tom Waits), le demuestra en segundos que ha vivido engañado y lo corrompe fácilmente al apostar con él y darle poderes. A partir de ese momento, comienza el camino de perdición de Parnassus, pues a pesar de tener algunas victorias frente al Diablo, éste siempre resulta más astuto.
En el mundo actual, el Dr. Parnassus debe recurrir a la “farsa” y la burla de sus poderes para poder sobrevivir, ya que recorre las ciudades en un carro de circo, acompañado de Percy (Verne Troyer en la mejor actuación de su vida), Anton (Andrew Garfield) y Valentina (Lilly Colle), su única hija, de belleza incomparable, que está a punto de convertirse en un regalo para el Diablo, pues Parnassus, a cambio de la inmortalidad y juventud, le prometió que le daría cualquier niño que tuviera cuando cumpliera los 16.
Los días transcurren miserablemente pues el Diablo se ha aparecido para cobrar lo prometido y Parnassus está desesperado, pues ama a su hija. Al mismo tiempo, Valentina sueña con escapar y vivir una vida normal, mientras que Anton suspira por ella y trata de hacerle ver lo enamorado que está.  A 3 días de que se cumpla el plazo, la carreta se topa con un “invitado” inesperado, un hombre que está colgado en un puente y que rescatan a pesar de la negativa del Doctor. El “colgado”, (Heath Ledger en su última película), clama no recordar absolutamente nada de su pasado pero se une a la caravana para alegría de Valentina y desacuerdo de Anton, que presiente que el desconocido es una mala persona. Con la llegada de este nuevo ser, el Diablo vuelve a aparecerse y a tentar a Parnassus, pues le propone que el primero que consiga cinco almas, se queda con Valentina para siempre. El doctor acepta y pone manos a la obra, siendo su imaginario el lugar donde consigue las almas de los participantes, con la gran desventaja de que es en ese mismo plano donde el Diablo se aparece para tentar el débil espíritu de los humanos, fácilmente corrompible.
Así da comienzo una carrera contra el tiempo para salvar a Valentina, llena de reveses, trucos y sorpresas que mantendrán al espectador atento hasta el final.

Si bien mucha gente se ha quejado de la baja calidad de los efectos especiales y de la inclusión de actores como Johnny Depp, Jude Law y Collin Farrell para sustituir a Ledger después de su fallecimiento, Gilliam se arriesga a contar una historia poco común, con excelentes actuaciones de los personajes principales, que conmueven y logran la empatía del público. Así mismo, el director no trata de ocultar ni evitar la gran influencia que Monty Python dejó en su estilo, pues el filme se entrelaza de maneras poco convencionales, además de contar con algún número musical absurdo y usar el humor negro para retratar claramente la debilidad que el hombre siente ante tentaciones que seguramente le traerán consecuencias desastrosas. Una película que probablemente no pasará a la historia, pero sí muy recomendable para los que gustan del género y una de mis favoritas en lo que va del año.

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Gorda

Cuando se anunció la tercera llamada, la sala seguía medio vacía. Observando a los otros, pude darme cuenta que nadie sabía qué esperar. Si bien el título de la obra dice mucho acerca del personaje principal, cada miembro del público se había imaginado a alguien con sobrepeso, y por ende, “poco atractiva” o “chistosona”. Sin embargo, cuando Mireia Gubianas (Helena) entra en escena, las dudas se disipan y el foro queda en manos de esta simpática rubia que come de su charola muy quitada de la pena, en un restaurante de comida rápida. Segundos después, cuando Héctor Suárez Gomís (Tommy) busca un lugar dónde sentarse, se da el encuentro con la mujer que conflictuará su vida, sus convicciones y hasta sus relaciones amistosas.

Esta obra, de éxito internacional, fue escrita por Neil Labute, dramaturgo estadounidense famoso por los temas tan controversiales que aborda, y fue montada en México bajo la dirección de Daniel Veronese, argentino reconocido por el uso de innovadores recursos visuales, que en este caso, pueden apreciarse en la escenografía giratoria y los letreros luminosos que anuncian los cambios de escena.

La representación se realiza sin tropiezos, sin embargo, el arranque de la misma se siente un poco forzado. Afortunadamente, conforme avanza la trama, los actores se relajan e interactúan con mayor naturalidad.

La “gorda” termina por ganarse al público, al mostrarse muy cómoda consigo misma en todo tipo de situaciones, incluyendo una aparición en lencería que provoca la admiración de muchos y la indignación de otros. Fue curioso observar las reacciones de los presentes durante esa importante escena, pues a pesar de que todos se “conmovían” cuando Helena era atacada con adjetivos como “cerda” o “marrana”, al presenciar su semidesnudez, los murmullos generalizados no se hicieron esperar, junto con las caras de asco de algunos espectadores, hombres y mujeres por igual.

Tommy también logra la empatía del público, pues se muestra como un hombre sensible y amable, bastante inseguro y pendiente del “qué dirán”. Se siente en la mira al salir con alguien “diferente” y constantemente se pregunta si está haciendo lo correcto, a pesar de que se descubre realmente enamorado.

Lourdes Reyes, la atractiva “Juana”, representa a las mujeres que se preocupan por su físico, pareciéndole increíble y despreciable que su compañero de trabajo y antiguo interés sentimental se haya fijado en una mujer con sobrepeso, y por lo tanto, dentro de su lógica, sin voluntad y sin control sobre sus impulsos, pues ¿cómo es posible que se haya dejado engordar tanto?.

Por último, Juan Carlos Barreto es quien se lleva las palmas, pues arranca carcajadas en cada intervención que realiza como el (superficial) mejor amigo de Tommy, preocupado porque éste termine con alguien tan diferente a él, recordándole constantemente que será un eterno blanco de burlas, sin necesidad, pues al ser un hombre tan guapo y exitoso, fácilmente podría conseguirse a alguien del mismo “nivel”.

Lo mejor de la obra es el desenlace, creíble y conmovedor, que desata las reflexiones finales de la audiencia: ¿en verdad es tan malo ser gorda?, ¿es todavía peor relacionarte con una?, ¿no es posible sentirse cómodo con uno mismo cuando se tiene sobrepeso?, ¿hasta dónde permitimos que las cuestiones superficiales determinen nuestros sentimientos?.

Sin duda una producción bien realizada que vale la pena presenciar, apta para gordos y flacos, hombres y mujeres y todo aquel que quiera ser testigo de una ejemplificación ligera y divertida de una problemática profunda, la discriminación.

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Safari accidental

Qué bonito es! Cada que leo algo de Juan Villoro, me gusta más su estilo. Es imposible permanecer indiferente ante esa forma de escribir, que con claridad, ingenio y muchas autorreferencias, llevan al lector a interesarse en temas tan dispares como los Rolling Stones, la identidad de los mexicanos o el Berlín antes y después del muro.
Uno de esos días en los que te encuentras billetes de alta denominación en la bolsa de alguna chamarra abandonada, me dirigí a una famosa librería para adquirir algún texto de este novelista/cuentista/ensayista/periodista. Teniendo varias opciones de dónde escoger, me decidí por “Safari Accidental”, libro de crónicas que prometía, desde el título, descabelladas aventuras que harían de mis días algo más entretenido.
No me equivoqué, después de concluir la lectura reafirmé mi admiración por este mexicano que cuenta con grandes habilidades narrativas y periodísticas.
Este libro, publicado en 2005 por Editorial Planeta, fue dividido acertadamente en diferentes secciones, para que tuvieran cabida temas tan distintos. En “Familia y multitudes”, el primer apartado de este safari, Villoro crea un perfil entrañable de su padre, al que describe con precisión y sin cursilería, valiéndose del marco contextual para la mejor comprensión de este minucioso hombre, que gustaba de guardar el dinero en un ejemplar de “Das Kapital”.
En “Alto volumen”, el cronista da algunas probaditas de lo que ha logrado persiguiendo una de sus grandes pasiones: el rock. Entrevistas con Mick Jagger, Peter Gabriel y Bono adquieren una importancia casi histórica, al descubrir que Villoro va más allá de las típicas preguntas que estas celebridades han escuchado una y otra vez. Se nota la búsqueda de recursos de este periodista, al hacer cuestionamientos relativos a problemáticas mundiales, sin embargo, Villoro no les brinda el trato de líderes de opinión, no les pregunta porque sean autoridades del tema, más bien maneja el acercamiento de  un profundo conocedor de su música al que en verdad le interesa la opinión de sus ídolos, más allá de rendirles pleitesía por su condición de rockstars.
En “Territorios”, el autor deja clara su condición de viajero, de observador de lo ajeno con una curiosidad de niño. Villoro se conmueve ante un anciano caricaturista de la Habana, que con toda dignidad permanece impasible ante insultos y palabras idiotas, pues necesita el dinero, y también critica la hiperrealidad del mundo mágico de Disney, parada que hizo con su familia pero que no puede “disfrutar” como un padre normal y despreocupado, al ser espectador de tantas cosas absurdas.
“Fetiches” probablemente sea el apartado más personal del safari, pues Villoro familiariza al lector con sus pequeñas y simpáticas obsesiones, además de dedicarle un elogio al color negro y emprender un análisis del fenómeno del chile en México.
Por último, “Lejos del escritorio” se erige como el apartado que tiene de todo un poco, desde una crónica protagonizada por Salman Rushdie hasta los recuerdos del taller de redacción impartido por Augusto Monterroso del que Villoro fue alumno y gran admirador.

Sin duda, este Safari Accidental vale la pena de principio a fin. Precisamente al término de las crónicas, Villoro dedica unas cuartillas de gratitud a todos los involucrados con sus aventuras, a toda la gente que creyó en él. Hasta para eso, el talentoso escritor evita la cursilería lacrimógena, y recurre más bien a la sinceridad y a simpáticas metáforas del que no quiere decir “te quiero” pero lo siente.

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