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Nos vemos, papá

Pilar es una mujer joven que lleva una vida sencilla y rutinaria. Al morir su padre, figura central de su existencia y a quien dedicaba su tiempo libre, su aparente tranquilidad se transforma, y motivada por un peculiar e intenso amor, decide aislarse en la casona que habitó desde niña para aferrarse al recuerdo de su progenitor. Preocupado por su estado de ánimo, José, hermano de Pilar, intenta ayudarla sin obtener buenos resultados, y es que su duelo rebasa los límites de la normalidad, convirtiéndose en algo perturbador.
Nos vemos papáEsta es la premisa de “Nos vemos, Papá”, película de Lucía Carreras, que protagonizan Cecilia Suárez y Arturo Barba, y que, de darle la oportunidad, seguramente los pondrá a reflexionar. Con un ritmo lento, pocos diálogos, y  el expresivo rostro de Suárez, el filme coloca al espectador en el mismo letargo que la protagonista vive, y sin caer en clichés, conmueve al mismo tiempo que impacta.
Las actuaciones de Arturo Barba, Gabriela de la Garza y Moisés Arizmendi convencen y no se olvidan, pues la directora se toma su tiempo al plantear las relaciones, tanto familar como de pareja, que poco a poco se ven afectadas por el extraño comportamiento de Pilar.
Producida por Machete, “Nos vemos, Papá” destaca no sólo por su calidad sino por la complejidad del tema. Se estrena este viernes 18, ¡vayan a verla!

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Victorio

Los mexicanos somos muy incisivos cuando de criticar productos nacionales se trata. Llámenle futbol, cine, políticos, música o lo que sea, no tenemos piedad. Muchas veces el desprecio es automático, ni siquiera nos preocupamos por argumentar las fallas que convierten lo que producimos, en una chafez. Señalo esta actitud porque pretendo evitarla al externar porqué no me gustó esta película, mientras que el resto de los reporteros que también la vieron, salieron impactados de la proyección. 
Victorio (Luis Fernando Peña) es un pandillero de la mara salvatrucha que mata a un miembro de su clicka en defensa propia. Preocupado, se busca un trabajo que lo mantenga alejado de la “MS”, y comienza a vender droga en las calles. Ahí conoce a Gabriela (Irán Castillo), una atractiva pero problemática chava, que funge como la amante del narco que les reparte la mercancía. El resto es predecible, Victorio y Gabriela se “enamoran”, tienen sexo y las consecuencias no sólo de estas acciones sino de las decisiones que han tomado a lo largo de su vida, los alcanzan y les acarrean un trágico final.
La película, dirigida por Alex Noppel y producida por Joel Núñez, tiene buenas intenciones. Pretende darle voz a los marginados y desprotegidos, y mostrar su lado humano; gente que se ve obligada a actuar de cierta manera por la circunstancias que los rodean y que a pesar de la árida realidad en la que se desenvuelven, no dejan de tener hambre de superación. Sin embargo, no resulta suficiente. La pareja se siente un poco tiesa, los diálogos no fluyen y si bien intentaron evitar a toda costa la caricaturización de individuos como los cholos, la caracterización resulta insuficiente. De acuerdo con Alex Noppel, todo el equipo de producción se adentró en los barrios de Xalapa, Veracruz, donde se llevó a cabo la filmación, para encontrar pandilleros y niños de la calle que quisieran participar. No dudo que este acercamiento resultara fructífero, incluso la misma Irán Castillo destacó todos los prejuicios que desechó al conocer a esta gente real, que es capaz de amar, de ser leal y de procurarse mejores condiciones de vida, pero esta complejidad social no logra transmitirse en pantalla.
En contraste, el personaje que fue mejor construido e interpretado es Lulú (Roberto Sosa), un trasvesti que vive con Gabriela y le brinda amistad incondicional. Sosa, quien ya se hizo acreedor a un premio del jurado por este papel, logra crear una Lulú real, sin utilizar gestos y expresiones cliché que hemos visto hasta el cansancio en este tipo de personajes. Para construir a esta simpática lectora del tarot, Sosa convivió con hombres transgénero que le permitieron observarlos a detalle, y darse cuenta que son constantemente maltratados y apartados por ser diferentes.
En conclusión, la película no es una chafez pero no logra cruzar la línea y se queda en el intento.  A pesar de estar segura de mi opinión, no puedo quitarme de la cabeza la reacción de los otros compañeros, a quienes respeto y admiro (no a todos, eh?), y que se deshicieron en elogios hacia el filme. Ah, también olvidé mencionar que ganó “Mejor ópera prima”.
En fin, “Victorio” se estrena comercialmente el 5 de mayo. Vaya y véala usted mismo.

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